Antorcha Nueva - Neue Fackel

¿Perdonar sin límite... y luego un castigo? (Mt18)

P. Maximiliano Cappabianca OP

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Jesús pide perdonar setenta veces siete. Pero la misma historia termina con un hombre en la cárcel. ¿No es esto una contradicción?

Reflexion de fray Max Cappabianca, O.P., 13 de agosto de 2026, en el templo parroquial de Quillabamba.

Imagen: unsplash.com/@fin21

Instagram / Youtube: @patermaxop

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Hermanos y hermanas, Pedro pregunta a Jesús cuántas veces debe perdonar a su hermano. Dice siete veces. Piensa que ya es mucho, pero Jesús le responde setanta veces siete veces. Con esto quiere decir algo simple... Si empezamos a contar... Ya no estamos perdonando de verdad... Después Jesús cuenta una historia... Un rey perdona a un siervo una deuda enorme, imposible de pagar. Pero ese mismo siervo sale y trata muy mal a otro hombre que le debía muy poco dinero. El rey se entera y se enoja. Llama otra vez al siervo y lo manda a la cárcel hasta que pague toda la deuda. Y el texto termina con una frase fuerte. Así hará también mi padre de siervos. cielo, si ustedes no perdonan de corazón a su hermano. Aquí hay que parar un momento. Antes Jesús hablaba de un perdón sin límite, y ahora el final suena un castigo a una condición. Si el perdón depende de algo, ya no es un regalo, es como un contrato. Esta tensión es real. No hay que resolverla con una explicación fácil. Pero, queridos hermanos y hermanas, podemos leer esta historia de manera diferente. Tal vez la cárcel del final no habla de un Dios que se venga. Habla de algo que todos conocemos, lo que el rencor hace en una persona. ¿Quién no perdona a otro? No encierra al otro, se encierra a mismo. Está mal. Conocemos todas personas que 20 años después de una pelea todavía cuentan la misma historia con el mismo enojo, como si fuera ayer. Ellas mismas son su propia cárcel. El siervo recibió el perdón, pero no lo entendió de verdad. Por eso al final se hace daño a mismo. Quizás el problema no está en el texto, sino en cómo entendemos el perdón. Muchas veces pensamos que perdonar es algo que se hace una sola vez y ya está. Pero setenta veces siete quiere decir otra cosa. El perdón no es un final. Es un camino que hay que caminar muchas veces. A veces es duro también. Cuesta trabajo. El enojo... Puede volver. Si perdonamos hoy y el enojo regresa en tres semanas, eso no es un fracaso. Es normal. Es humano. Lo conocemos todos. ¿Qué significa esto para la vida diaria? Que casi todos tenemos una cuenta pendiente con alguien, un padre, una expareja, una pareja actual, un compañero de trabajo. No hace falta resolver todo de una vez, pero podemos empezar por no abrir esa herida cada día. El texto termina de forma sencilla. Jesús simplemente sigue caminando tal vez ese final dice más que muchas palabras el perdón no es un lugar al que llegamos cuando entendemos todo no, es un camino en el que nos quedamos quien todavía tiene una cuenta abierta con alguien no la resuelve pensando siempre y muchísimo en ella la resuelva dando el primer Primero paso. Amén.