Antorcha Nueva - Neue Fackel

El silencio de Jesús (Mt 15)

P. Maximiliano Cappabianca OP

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"Jesús siempre te escucha." Esa frase que le decimos a los chicos... el evangelio de este domingo no la confirma tan fácil. Una mujer grita pidiendo ayuda para su hija. Jesús no responde. Ni una palabra. ¿Qué hacemos cuando la oración se encuentra con puro silencio?

Homilìa de fray Max Cappabianca, O.P., 16 de agosto de 2026, en el templo parroquial de Quillabamba.

Imagen: Jean Germain Drouais, Le Christ et la Cananéenne (1784)

Instagram / Youtube: @patermaxop

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Hermanos y hermanas, este fin de semana fui varias veces a visitar un grupo de jóvenes en la casa de retiro Santa Ana. Estos jóvenes han hecho una experiencia religiosa, Cristian también lo estuve, y las hermanas nazarenes han dirigido este retiro. En la oración de la noche, en los impulsos y las meditaciones, yo no estuve todo el tiempo, pero en algunas veces, salió una y otra vez esa frase que casi sin pensar las decimos a los niños y a los jóvenes. Jesús te quiere, siempre te escucha, puedes acudir a Él cuando quieras. Yo mismo la he dicho muchas veces. Es una frase bien intencionada y para un niño que tiene miedo a la oscuridad o para un joven que tiene un examen difícil es un consuelo. Pero el evangelio de hoy no confirma esa frase. Al menos no tan fácil. Una mujer corre detrás de Jesús, gritando, pidiendo ayuda para su hija enferma. ¿Y Jesús? No le responde ni una palabra. No es que le diga algo duro. No, no le dice nada. La ignora. Ella, pero grita. Y no pasa nada. Primero hablan los discípulos, molestos, pidiendo que la despidan. Jesús Jesús mismo se queda callado un buen rato. Para quien de niño aprendió que Jesús siempre escucha enseguida, esta escena es un problema. Los adultos ya conocemos ese problema por experiencia propia, aunque casi nunca se lo decimos así a los niños. Uno reza y todo queda en silencio. No es que la respuesta llegue a medias. Es silencio total, sin certeza, sin señal, sin ninguna voz. Creo que a esos jóvenes con los que estuve este fin de semana, tarde o temprano, y ya lo saben, también les debemos mostrar esto. No para borrar la primera frase, Jesús siempre escucha, no. Sigue siendo verdad, en el sentido de que Dios nunca se aleja de nosotros, pero escuchar no es lo mismo que responder enseguida. Y esa diferencia normalmente se aprende recién cuando uno mismo vive un momento en que reza y reza y reza y no llega nada. Estoy seguro que muchos de ustedes conocen esta realidad y lo han experimentado en su propia vida. Y en la tradición espiritual tiene un nombre, la noche oscura. Madre Teresa, la santa muy grande del siglo pasado, escribió que durante casi 50 años sobre ese mismo silencio, predicaba en público sobre la cercanía de Dios, mientras que ella misma casi no sentía su presencia. También se pueden leer los Salmos. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? Exactamente es la frase que Jesús reza en la cruz. Él también, en medio de su propia muerte, se encontró con el silencio de Dios. El silencio, entonces, no parece ser un error ni algo que les pasa solo a los que rezan mal y que no saben cómo rezar, que tienen poca fe. No, es parte del camino de la fe en misma, aunque sea justo lo que más miedo nos da. Lo que me conmueve de la mujer cananea es que justo ahí no se rinde. Sigue gritando, aunque nadie le responde. Y creo que ahí está el verdadero centro de la perseverancia en la oración. No es que al final consiga lo que quiere porque insistió lo suficiente, no. Es que sigue hablando, aunque en ese momento no tiene ningún motivo para hacerlo, más que el amor por su hija. Porque ella no reza por misma, reza por su hija. Y ese amor la sostiene en medio del silencio, incluso antes de recibir alguna señal de que vale la pena. Esa sería quizás la versión más honesta de lo que podríamos decirles a los jóvenes. No Jesús siempre responde enseguida, sino puede pasar que todo quede en silencio. A veces durante mucho tiempo. Eso no significa que estén rezando mal y que no haya nadie del otro lado. Significa que están en buena compañía con esa mujer, con los con Jesús mismo en la cruz. Y que la respuesta al silencio no es rendirse, sino seguir hablando y rezando. Al final de esta historia, Jesús responde y lo hace con las palabras más fuertes que dice en todo el Evangelio sobre la fe de una persona. Mujer, ¡qué grande es tu fe! No porque haya sido escuchado enseguida, no, sino porque atravesó el silencio sin dejar de hablar. Tal vez ese sea el mensaje que vale también para los jóvenes de este fin de semana y para todos nosotros. Cuando todo queda en silencio, no es señal de que no haya nadie ahí. Es el momento de seguir hablando y rezando Amén.