Antorcha Nueva - Neue Fackel
🇵🇪 Antorcha Nueva es una voz dominicana que se levanta desde la fe para hablarle a este tiempo. Cada episodio reúne predicaciones, conferencias y artículos de opinión que miran la realidad social, política y personal a la luz de la Palabra — sin rodeos, sin miedo a incomodar. No es un podcast de consuelo fácil: es una antorcha que se enciende para señalar lo que otros prefieren callar, y para sostener la fe de quienes buscan una palabra clara en medio del ruido. Desde el Peru, con la convicción de que la fe también tiene algo que decir sobre lo que pasa en la calle, en la política y en la vida cotidiana.
🇩🇪 Antorcha Nueva – Neue Fackel ist eine dominikanische Stimme, die aus dem Glauben heraus zu unserer Zeit spricht. Der Podcast versammelt Predigten, Vorträge und Meinungsbeiträge, die gesellschaftliche, politische und persönliche Fragen im Licht des biblischen Wortes betrachten – klar, unbequem, ohne Beschönigung. Kein Podcast des leichten Trostes, sondern eine Fackel, die anspricht, was andere lieber verschweigen, und Halt gibt für alle, die in lauter Zeit nach einem klaren Wort suchen. Aus Peru – davon überzeugt, dass der Glaube mitreden kann, wo Straße, Politik und Alltag einander begegnen.
Antorcha Nueva - Neue Fackel
El mar, la noche, la mano (Mt 14, 22-23)
Use Left/Right to seek, Home/End to jump to start or end. Hold shift to jump forward or backward.
A veces avanzamos con todas nuestras fuerzas y no llegamos a ninguna parte — hasta que aprendemos a mirar hacia adelante y no hacia la tormenta.
Homilia del 9.8.2026 en la Iglesia de Santa Ana / Quillabamba
19° domingo, año A
Imagen: Mike Yukhtenko en Unsplash Instagram @ya.maicle
Instagram / Youtube: @patermaxop
Una barca, sola, en medio del lago. Esta noche, el viento sopla en contra y las olas golpean el casco una y otra vez. Así empieza este pasaje. No con una explicación teológica, sino con una experiencia que todos conocemos, aunque nunca hayamos subido a una barca en Galilea, imagino. ¿Por qué? ¿Quién de nosotros no ha estado alguna vez en esa barca, remando de noche, contra el viento, sin ver la orilla? Puede ser una enfermedad, una pérdida, un trabajo que se hunde, una relación que se rompe, un miedo que no tiene nombre porque aprieta el pecho a las tres de la madrugada. Los discípulos remaban con todas sus fuerzas y no avanzaban. Esa sensación de esfuerzo sin progreso, de estar atrapados en medio de algo más grande que nosotros, es profundamente humana. Y entonces, entre las olas, ven una figura caminando sobre el agua. Y en vez de alivio, siente el terror. «¡Es un fantasma!», grita. Fíjense en esto. Incluso cuando Dios se acerca, la primera reacción humana puede ser el miedo. No siempre reconocemos la salvación cuando llega. A veces la confundimos con una amenaza más. Jesús no se ofende. No exige que confíen de inmediato. Simplemente dice, ánimo, soy yo, no tengan miedo. Y entonces, Pedro hace algo que me parece sinceramente admirable. Se atreve a bajar de la barca. No espera tener toda la seguridad. Camina con el miedo todavía dentro. Y funciona, hasta que Pedro deja de mirar a Jesús y empieza a mirar el viento. En ese instante se hunde. No es un castigo. Es simplemente lo que nos pasa. Mientras miramos hacia adelante, hacia lo que nos sostiene, avanzamos. En cuanto nos fijamos en la magnitud de la tormenta, nos hundimos. Conozco esta experiencia y ustedes también la conocen. Lo que más me convuelve de este pasaje no es que Pedro camine sobre el agua, es lo que pasa cuando se hunde. Grita, Señor, sálvame. Y de inmediato, sin un solo segundo de reproche, Jesús extiende la mano y lo sostiene. No hay sermón, no hay reclamo, solo una mano que llega antes de que Pedro termine de hundirse. Eso es lo que este Evangelio nos deja hoy. No una fe que impide hundirse, sino la certeza de que hay una mano que llega. incluso cuando ya estamos bajo el agua. La fe no consiste en caminar perfectamente sobre las olas de la vida, no. Consiste en gritar cuando hace falta y confiar en que alguien va a extender la mano. Hermanos y hermanas, salgan de aquí, no con la ilusión de que ya no habrá tormentas. Las habrá, y ustedes lo saben. Salgan sabiendo que aunque el viento siga soplando en contra, no reman solos en esa barca. Amén.