Antorcha Nueva - Neue Fackel

San Bernardo de Claraval: Amor y éxtasis

P. Maximiliano Cappabianca OP

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San Bernardo de Claraval fue uno de los monjes mas apasionados de la historia de la Iglesia. Le llamaban "el maestro que habla como si le saliera miel de la boca": cuando escribia sobre el amor, no explicaba, ardia. Casi veinte anos escribio sobre el Cantar de los Cantares, y se atrevio a decir algo fuerte: el amor no calcula, no pide nada a cambio. En su reflexion Padre Max conecta esa pasion con la parabola del banquete de bodas de Mateo 22. Estamos invitados a esa misma fiesta — la pregunta es si nos animamos a entrar....

Reflexion del Padre Max Cappabianca OP el 20 de Agosto 2026 en el Templo Parroquial de Quillabamba

Imagen: San Bernardo de Claraval (Amplexus/Abrazo de Jesús). Estatua en la Abadía cisterciense de Marienstatt

Instagram / Youtube: @patermaxop

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Hermanos y hermanas, imaginen a un hombre que cuando habla de Dios casi se queda sin palabras. No explica, arde con fuego. Ese es San Bernardo, declaraba. Hoy la iglesia recuerda a uno de los monjes más apasionados de la historia. Bernardo nació en 1090, casi mil años, en Francia. Fue monje y abad, un hombre de gran fuerza. Y también, hay que decirlo, un hombre difícil, metido en muchos conflictos de su época. No fue un santo perfecto ni tranquilo. Pero le dieron un título muy hermoso. En latín, Doctor Melifus. El maestro que habla como si fluyera miel de su boca. Qué título hermoso. Escuchen esta frase sobre el amor de él. Amo porque amo. Amo para amar. No es una frase piadosa y sencilla, es casi una revolución. Bernardo dice, el amor verdadero no busca nada a cambio. No es un negocio, yo doy y tú des, no. Quien ama solo para recibir algo, todavía no ama de verdad. El amor se basta a sí mismo, es, dice él, su propio premio. ¿De dónde sacó San Bernardo este lenguaje tan intenso? del libro más apasionado de la Biblia, el Cantar de los Cantares. Y si no lo han leído todavía, lo lean por favor. Casi 20 años de su vida predicó sobre este libro de amor hasta su muerte en 1153. No tuvo miedo de sus palabras de amor humano. Las leyó como la historia del alma que busca a Dios. es la novia, Cristo es el novio. Un amor cercano, casi como un abrazo. No, la fe es un abrazo. Se lo confieso, de joven, hace mucho tiempo, quise entrar en la abadía cisterciense de Marienstadt, en Alemania. Los cistercienses, San Bernardo era cisterciense, siguen llevando hasta hoy esta misma tradición de Bernardo. Y esa dimensión tan intensa, casi estática, de la fe, me atrapó entonces. Y hasta el día de hoy, sigue despertando. Y aquí Bernardo se une al Evangelio de hoy, la parábola del banquete de bodas en Mateo 22. Un rey prepara la boda de su hijo, invita a mucha gente, pero los invitados prefieren ir a su campo, a su trabajo. ¿No nos pasa lo mismo a veces? Muchas veces también nosotros decimos no a la invitación de Dios. No por maldad, sino por estar ocupados. El rey no se rinde. Manda llamar a cualquiera que encuentre en la calle buenos y malos, dice el texto del Evangelio. El reino de Dios no es sólo para los que ya son perfectos, no. Todo el contrario. Es una fiesta abierta a todos. Sólo falta una cosa al final. El vestido de bodas. No es cuestión de dinero, sino de dejarse cambiar por la alegría de la fiesta. Se puede estar presente por fuera y seguir lejos por dentro. Y ustedes lo saben. Por eso hoy una invitación sencilla. Dejar por un momento las ocupaciones, el campo, el trabajo y pensar que hay una fiesta que ya comenzó y que la puerta está abierta también para nosotros. Y después la misa y la adoración. Y es como una imagen de esta fiesta. Bernardo nos dejó ese regalo. Atravernos a amar sin calcular y entrar de verdad a la fiesta.

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Amén.